A medida que la tecnología iba avanzando, se planteó la posibilidad de simular los sentidos humanos y rápidamente se arrojaron resultados positivos que desencadenarían complejos y precisos sistemas. El primer sentido en ser simulado fue el del Tacto, ya que se partió del principio de medir el desplazamiento de un punto de referencia, que en otras palabras es el funcionamiento de las básculas.

Yendo un poco más allá, el sentido del tacto artificial fue uno de los primeros en salir a la luz, y con una correcta interpretación de los datos podría arrojar diversos resultados, por ejemplo, si está tocando algo o no, que tan caliente es un objeto, que tan pesado es un objeto, o que tan duro es un objeto. Este último es el más complejo porque se debía implementar la capacidad de determinar la dureza y la identificación química para saber de qué material se está hablando. Para determinar la dureza se recurre a la escala de Mohs, en donde se utilizan materiales de diferente dureza para saber qué tan duro es un objeto. Y la identificación química trata del análisis de una muestra física para obtener la composición molecular del mismo, y saber de qué material se trata. Sin embargo, estos dos métodos son demasiado complejos, y su realización requiere de herramientas complejas para esto, sobre todo el análisis químico, pues esta tecnología no está tan avanzada y sus límites actuales no dan la posibilidad de acceder a la composición química.

Luego llegamos al sentido de la Visión, el cual se caracteriza por el uso de cámaras, y, así como el tacto, se vio beneficiada por la urgencia humana de capturar momentos visuales, o tomar fotos. Lo realmente complejo de la visión es cuando se necesita identificar automáticamente elementos dentro del mismo, y se complica más cuando se necesitan saber específicamente qué es qué. Mediante el uso de colores, formas, y referencias se han logrado programas que son capaces de identificar precisamente los elementos de una foto. A diferencia de los procesos del tacto mencionados anteriormente, la visión es más sencilla, pues todos los elementos que necesita analizar son obtenidos por la cámara.

Tenemos también la Audición, la cual es bastante similar a la visión, porque todos los datos que necesita son recibidos por un único medio. El sonido es fácilmente identificable digitalmente, y mediante la longitud de onda y el tono se puede trabajar inmensamente.

Por último tenemos el Gusto y el Olfato, los cuales son complicados cuanto menos. El gusto y el olfato son más complicados porque requieren de información química para poder funcionar correctamente. Actualmente se está y hay tecnologías que pueden simular estos dos sentidos, pero aún falta tiempo para avanzar más y su uso es usado más que todo en laboratorios.

Podríamos decir que todos los sentidos han podido de alguna u otra manera ser simulado por máquinas, sin embargo, el gusto y el olfato (y en parte el tacto) aún no han avanzado hasta el punto de ser comunes en nuestros dispositivos, y por ello tampoco hay muchos programas que puedan darnos información al usar estos. Por otra parte, la visión y la audición han avanzado tanto que, aparte de la gran cantidad de programas, hemos podido gozar de la función propia y las funciones extendidas que las IA’s nos han proporcionado.